¿Qué camino debemos de tomar cuando no sabemos quiénes somos ni a donde debemos llegar?
Todas las historias deben evolucionar.
He soñado con una época antigua, tiempos ajenos que amedrentan pareciendo mejores que los propios. La fogata alumbra la lúgubre oscuridad del bosque inexplorado, el silencio se corrompe con el ruido de la fogata y un tordillo inquieto. La nieve cubre todo a la vista y pequeños rayos de la luna con suave tacto rozan las copas de los árboles, el viento es helado y el frío cala hasta los huesos. Me levanto y con un movimiento rápido dejo caer una pesada manta cubierta con piel de oso, tomo una bolsa del piso y camino hacia el imponente caballo blanco, coloco una túnica blanca sobre mi espalda, la fogata se consume mientras ajusto los amarres de la silla, hora de partir y seguir mi camino. El caballo apresura el paso, faltan dos días de camino, el bosque parece infinito, un pequeño brillo se refleja sobre el acero de una pesada espada que armoniza con cada galope cuando choca contra las hebillas del caballo, el sol ha comenzado a salir sus suaves rayos tocan el bosque, pero el frío continua, el sudor del caballo resbala por sus flancos, esta tan cansado como yo, hemos cabalgado mucho tiempo, es hora de hacer una fogata y descansar un poco, bajo del caballo y aflojo sus amarres, tomo la bolsa y saco comida, el caballo pasta mientras busco agua y madera, me acerco al arroyo y veo a mi alrededor, a lo lejos sobresale el humo de una fogata ajena a mí, me han seguido por días... Ahora están más cerca. Tomo los troncos y preparo el campamento, la fogata calienta mi cuerpo mientras me preparo para dormir, de repente algo inquieta al gran tordillo, alguien me observa pero no se acerca, era cuestión de tiempo. Lentamente camino al caballo, un paso a la vez, completamente tranquilo tomo la espada, en un acto natural casi desapercibido, nada pasa, nadie se acerca, sé que hoy tampoco dormiré, tendré que montar guardia, el caballo no aguantaría seguir el camino. El sol se está poniendo, será una larga noche, mi cara se ha entumecido, me tiembla la espalda y la boca se mueve sola, el frío ataca de nuevo y el fuego no es suficiente. Tomo el pesado abrigo de oso y me tapo con él, recargado en un árbol con el fuego a unos centímetros vigilo mí alrededor, mantengo un arco y una flecha cubiertos por el abrigo, estoy listo para disparar, la espada esta clavada a un metro de mí, la distancia perfecta.
Las horas pasan lentamente, cada segundo pesa más que el anterior. La danza de las llamas me arrulla y las copas de los arboles me cantan una canción de cuna, el cuerpo me pesa, no he dormido en días, pero debo poner atención. ¡No te duermas! Me repito una y otra vez… Mis parpados pesan demasiado, mi cuerpo se relaja. El gélido aire se disipa suavemente, el bosque se convierte en un pastizal que me rodea, pequeños rayos de sol atraviesan la copa del árbol y acarician mi rostro. Mis dedos juegan con la hierba, respiro profundo llenando mis pulmones con la fragancia de las flores, de la manzanilla y las rosas. Escucho pasos detrás del árbol, no estoy solo, alguien se acerca. Un olor a cítricos inunda mi pecho, soy feliz, por mucho tiempo no lo había sido, pero ahora soy feliz. Embriagado por el aroma inclino suavemente mi cabeza y miro de reojo a mi lado, los rayos del sol me ciegan, pero lentamente aparece un vestido blanco que danza plácidamente con el viento, la conozco, pero es como verla por primera vez, mis ojos recorren los suyos, su nariz, sus labios, su figura. Mi boca se mueve lentamente y suspira.- Estoy completo.- Ella sonríe y se hinca frente a mi, toca mis mejillas y besa mi frente.- Siempre Aquí.- Me dice.- Siempre aquí….- Sus ojos son azules como el mar a la sombra, verdes como los campos de verano al sol y grises como el acero al anochecer. Su piel es suave y cálida. No importa que haga ni a donde vaya, su aroma siempre es el mismo. Suavemente besa mis ojos y susurra al oído.- Debes moverte, abre los ojos, ¡Pelea!.-
El calor escapa de mi cuerpo, el viento gélido congela mis pulmones, apenas puedo sentir mis manos aferrándose al arco, el crujir de los arbustos me pone en alerta, alguien se acerca, puedo escuchar el filo de una espada cortando el viento. Dejando caer el abrigo me levanto y encajo la flecha en la garganta del hombre frente a mí, puedo sentir su calor escurriendo por mis manos en un río carmesí y la vida escapando de sus ojos. En un movimiento fluido tomo la espada y rechazo el golpe de un hombre que se abalanzaba tras de mí, golpe tras golpe nos abrimos camino entre el silencio del bosque mientras un tercer atacante escapa de la escena. Los ataques del hombre son certeros y seguros pero en un movimiento suave el filo de la navaja que portaba en el cinturón le detiene del cuello haciéndole caer.
Aún desorientado me recargo contra el árbol para recobrar el aliento, pero el relinchido del tordillo me recuerda que es hora de escapar, rápidamente agarro mis cosas y ajusto los amarres del caballo.