miércoles, 19 de octubre de 2011

Believe!

When the old Halo is long gone...

domingo, 16 de octubre de 2011

Continuación

Aún desorientado me recargo contra el árbol para recobrar el aliento, pero el relinchido del tordillo me recuerda que es hora de escapar, rápidamente agarro mis cosas y ajusto los amarres.
Firme en los estribos me aferro a las riendas galopando hacia la obscuridad, me tapo con la túnica y agacho la cabeza cubriéndome de las ramas que nos golpean, mi respiración se acelera y sincroniza con la del caballo, debemos alejarnos lo más pronto posible, pero estamos demasiado cansados. Muchos años soñé con volver a casa, nunca imaginé que pudiera ser tan difícil… Luché tanto por esto, no puedo darme por vencido ahora, al menos tengo que cumplirle esa promesa, la promesa de que volvería… El tordillo se agita y acelera el paso, una decena de antorchas abaten las sombras del bosque incendiando la obscuridad, ¡Nos han alcanzado! “Yarshri rahimet”; le imploro al caballo en la lengua de los sabios ancianos del sur: “El último esfuerzo”; acaricio su cuello y susurro “Yarshri rahimet cella feirt toi ke”; “El último esfuerzo antes de la muerte amigo mío”. Conforme avanzamos el bosque comienza a despejarse ¡Al fin hemos llegado! Con cada galope veo con más claridad un camino cubierto de nieve que lleva a la ciudad.- ¡Creo que lo lograremos amigo mío! Levantando la cabeza veo detrás de mí buscando las antorchas, pero no logro ver nada, ¡Tal vez se rindieron! Sonriendo regreso la mirada al camino, el caballo se espanta y un golpe sordo me lleva al piso, una y otra vez intento respirar, pero mis pulmones están vacíos, mi visión se nubla, un dolor agudo me recorre el cuerpo y el sabor metálico carmesí inunda mis labios. Escucho un relinchido agónico y el caballo cae junto a mi inerte, inmóvil.
-Respira profundo hermano, respira profundo…- Por instinto y sin aire me arrastro hacia el caballo tratando de tomar mi espada, pero una fuerte pisada me devuelve de espalda al piso.- Mírate hermano, arrastrándote como gusano en la nieve.- Varias sombras me rodean riendo, respiro profundo recuperando el aliento esforzándome por enfocar a la silueta sobre mí.- ¿Reiden, eres tú?.- Sonriendo saca una navaja y la empuja contra mi cuello.- Tu eres de ese tipo de personas que va por la vida creyendo respirar un aire más limpio que el de los demás, como si solo por haber nacido merecieras todo de esta vida, pero yo me pregunto: ¿Qué crees que te hace tan especial?.- Sonriendo lo miro a los ojos y presiono mi cuello contra el filo de la navaja.- Te sorprenderías si supieras que pienso Reiden, pero dudo que tu pequeño cerebro lo comprenda, así que me lo ahorro, si tienes planeado matarme hazlo de una vez, tengo mejores lugares donde estar…- Riendo empuña la navaja y coloca la punta contra mi abdomen y empuja suavemente. Un golpe de adrenalina recorre mi cuerpo, las piernas me tiemblan y mis manos aún sin fuerza tratan de detenerle, puedo sentir el filo abriéndose camino lentamente a través de la mi pechera de piel hasta la cota de malla; Que forma tan estúpida de morir, que forma tan estúpida de morir repito una y otra vez en mi cabeza; una pequeña parte de la punta de la navaja rompe un arillo de la cota de malla y se encaja en mi abdomen, una oleada de calor me recorre y el ruido se acalla… ¡No grites! Me repito una y otra vez, pronto terminará.- Sonriendo se acerca a mi oído y susurra suavemente.- Buenas noches, nos veremos en el abismo…- Un chillido agudo rompe el silencio y tres hombres caen alrededor de nosotros. Reiden se levanta y desenfunda su espada oprimiendo mi pecho con su pie como una fiera protegiendo a su presa. Un caballero aparece de entre los matorrales vistiendo una pesada armadura negra y reluciente, un casco con una larga cresta roja de plumas de águila que se mueven con el viento le recubre el rostro, firmemente lleva la mano a la cintura y empuña una larga espada dorada. Soltando una carcajada Reiden me voltea a ver y pregunta: ¿Y este payaso quién es, lo conoces? Volviendo la mirada hacia el caballero Reiden y el resto de sus hombres avanzan unos pasos y se colocan en posición de ataque.- Márchate hombre, este asunto no te concierne.- El caballero elevando su espada comienza a avanzar rompiendo su silencio con una voz gruesa y profunda.- ¡Ighnu!- De la nada un par de caballeros aparecen de tras de él desenvainando un par de espadas doradas. Aterrado uno de los hombres de Reiden comienza a echar para atrás preparándose para correr, pero el silbido de una flecha cortando el viento le detiene incrustándose en su cuello, un cuarto caballero aparece detrás del grupo sellando el camino. Llevando una mano a mi abdomen trato de arrancar la navaja mientras los caballeros se abren paso entre los hombres hacia mí. Eufórico Reiden comienza a reír y les grita: ¿En verdad arriesgan su vida por este perro? Dando unos pasos hacia atrás Reiden choca contra algo.- Woof… Woof… Buenas noches, suerte en el abismo- Le susurro al oído, frenético voltea y me mira fijamente a los ojos mientras le tomo del cuello e incrusto mi espada contra su abdomen, entrando en shock baja la mirada y ve la espada dentro de él, sus labios llenos de sangre se mueven suavemente como si quisiera decir algo, pero su tiempo ha terminado y cae violentamente.
Con un movimiento firme y rápido los caballeros envainan sus espadas y se planta alrededor de mí. Observándome de arriba abajo un caballero pregunta a los otros: ¡Les dije que no estaba herido, que solo era una cortada… ¿Están seguros de que es él? Parece ser tan… débil…- Riendo otro de los caballeros le responde: Prielac, no recuerdo haber leído dar opiniones en tu descripción de trabajo.- Molesto Prielac le contesta: Eso es porque no sabes leer Lirec… Molesto él caballero con la cresta roja levanta la voz: ¡Silencio! Disculpe su insolente introducción señor, mi nombre es Ahelm soy comandante de la guardia de la academia, a estos dos ya los conoció y el hombre con el arco es Nip. El general Prian Cal creyó pertinente un comité de bienvenida y esos somos nosotros, así que bienvenido a casa, lamento lo de su caballo… Agradezco su asistencia, estuvo demasiado cerca… Sí no es mucha molestia me gustaría dar una despedida apropiada a mi caballo, fue un gran compañero y soporto más de lo que debía…
Terminando de rendir honores al tordillo los caballeros me ofrecieron una montura y emprendimos el camino hacia la ciudad de Mairiun...
Mairiun
Las murallas de Mairiun se extienden a lo largo del valle, más allá de donde alcanza la vista. Los gigantescos edificios y templos mantienen a la sombra algunas calles gran parte del día, para algunos es una ciudad maravillosa, otros no pueden esperar para marcharse, pero la realidad es que Mairiun es donde se encuentra mi corazón, es mi hogar. Hay un dicho que reza: “Una eternidad en el paraíso no es suficiente, un segundo en el abismo es una eternidad” No me arrepiento de haber estado lejos un largo tiempo, conocí grandes amigos y aprendí cosas que me hubiera tomado una vida entera de cualquier otra manera… Pero mi tiempo lejos ha terminado por ahora y debo cumplir una promesa.
El ruido de los cascos de los caballos armoniza con el golpeteo de las armaduras entonando una canción de cuna que me relaja poco a poco, mis parpados pesan y la energía me deja suavemente como si mis músculos se apagar uno por uno, tras un par de minutos mi cabeza danzaba de arriba abajo sin ningún tipo de control aparente. Riendo Prielac se emparejó conmigo y me dio una fuerte palmada en la espalda.- Oye, para todo esto… ¿Cómo te llamas? Rogando calmar su curiosidad le respondo: Mi nombre es Iorkel, soy…- Interrumpiendo contesta: ¡Ya sé quién eres! ¿Qué haces aquí?- Poco a poco siento como la sangre se me va a la cabeza y comienzo a enfurecerme: Mi exilio terminó, ¡Me he ganado ir y venir como me plazca!- Respirando profundamente me contesta: ¡No me refiero a eso! Eso a nadie le importa ya… Me refiero a que había escuchado que te habían ofrecido ascenderte de rango en la academia de Barac, ¿Por qué demonios preferirías volver a esta ciudad?- Esa es una pregunta que sabía me harían constantemente, me preparé lo más que pude para responderla, pero Prielac me tomó por sorpresa, miles de razones me inundan la cabeza, pero solo una es relevante, mi corazón se acelera y siento un vacío en el estómago... Al fin estoy de vuelta, es cuestión de tiempo para que pueda ver sus bellos ojos, escuchar su voz, abrazarla, sentir su piel y respirar su aroma… Todo ha valido la pena... Cubriendo mi cabeza con la túnica respondo: Digamos que aún no estaba preparado para viajar tan lejos…El caballero levantó la ceja y disminuyó el paso colocándose detrás de mí.- ¡Pff! Preparado… Creo que sí es tan débil como parece…