Creo que por mucho tiempo se me olvidó voltear al espejo, verme directamente a los ojos y recordar quien soy... No se en que momento sucedió, cuando me convertí en esta sombra acobardada, llena de miedo y resentimiento. Este no soy yo, yo no hago menos a los demás, mucho menos a mí mismo...
¿Miedo a qué? ¿A ser rechazado? Mi padre prefirió largarse a criar caballos y convertir su fortuna en estiércol a quedarse conmigo. ¿A fallar? Ni siquiera podía mantener la temperatura cuando nací. ¿A estar solo? He estado solo años, nunca he encajado realmente. ¿A no lograr lo que quiero? Cuándo tenía seis años mi dislexia estaba tan marcada que la psicóloga dudaba que pasara de preparatoria...
Y aquí sigo, he sido rechazado miles de veces, he fallado más de las que puedo recordar y por todos los años que vengan algunas veces me seguiré sintiendo solo... Pero ese es el punto, nunca dejo de luchar, nunca dejo de creer y nunca dejo de desear...
¿Creer? Creo que seguiré siendo temerario, me seguiré aventando de un avión con paracaídas, seguiré aventándome de pistas negras aún cuando no recuerde bien como esquiar, seguiré persiguiendo a policías de tránsito aún cuando mi coche no circule. Porque me podrán dar miedo los payasos y las arañas, pero morir nunca me ha dado miedo y mucho menos seguiré muerto en vida...
Cada segundo de mí vida he seguido adelante aún sin saber por qué lo hago. Es tiempo de que vuelva a hacerlo y esta vez sabiendo exactamente que camino quiero tomar... Porque ya no me seguiré limitando. Si yo no me limito nadie tiene el derecho de venir a hacerlo... Si quiero mentar madres mentaré madres, si quiero encabronarme hasta vomitar lo haré, si quiero reírme hasta orinarme lo haré porque yo soy quién marca las pautas en mi existencia, nadie más. Le guste a quien le guste, se quede quien se quede, mendigar es para los mendigos. Además no sirvo para eso, nunca me ha funcionado.